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viernes, 7 de enero de 2011

Escapada a Baviera

Suelo redactar las postales navideñas con mucho tiempo, y a mis contactos alemanes se las envío aún antes porque el ambiente comienza por allí ya el primer domingo de Adviento. A mitad de mes recibí la respuesta de Rosina, una señora que vive en un pueblecito cerca de Munich y es también fan del coro de niños de Tölz. A ella no la conocía personalmente, si bien más de una vez insistió en que me alojara en su casa cuando fuese para allá a ver un concierto de los Tölzer.
Rosina preguntaba en su respuesta cómo me encontraba, y ¡oh, pobre, se lo conté! Le dije que este trimestre había sido muy duro para mí, que había tenido que vérmelas con una crisis de ansiedad/depresión debido a los cambios de trabajo y vivienda y a los inconvenientes que todo profesor de Secundaria en España ha de afrontar, y si es ciego aún más. La buena señora respondió inmediatamente: "oh, ¿qué leo? ¡Vente estas Navidades unos días a mi casa, así cambias de aire!". Le agradecí su cordial invitación y añadí que confiaba en que no se sintiese de alguna forma obligada ante mis dramáticas líneas. Dijo que en ningún caso y yo me puse a buscar vuelos con muy poca fe, pues nunca lo he hecho tan repentinamente y pensé que no iba a haber; pero tuve mucha suerte. El día 2 por la tarde me dirigí pues rumbo a mi querida Baviera y regresé ayer.
Rosina es un encanto de persona. Adora la música y además canta en un coro, hace poco ofrecieron en concierto el Oratorio de Navidad de Bach. ¡Lástima no haberlo visto!
Juntas hemos cantado mucho y ella me ha enseñado algunos Jodel (o Jodler, como se dice allí). Adoro estas piezas tradicionales.
También hemos visto a unos amigos míos que ella no conocía: Andreas, gran fan del coro de Tölz desde hace tiempo, y Elke, madre de uno de los niños cantores. A Andreas lo admiro realmente: hoy día es difícil encontrar a personas que sientan una pasión tan fuerte por algo. Él me ha ayudado mucho en mis excursiones "tölzeras" [neologismo]: me ha recogido en el aeropuerto, se ha ocupado de mí... Es muy atento, cortés y cultísimo. A Elke la conocí hace dos años en Irsee y en septiembre me invitó a su casa cuando fui a uno de los conciertos del coro que tuvo lugar en esta localidad.
El día 5 fue mágico, mi mejor regalo de Reyes: Rosina, Andreas, Elke y yo dimos un hermoso paseo a lo largo del Isar. De pronto, respirando aquel aire, sintiendo el frío en la cara y oyendo el murmullo del agua, fui consciente de que no había sido tan feliz en cuatro meses. "¿qué más se puede pedir -me dije-? Una excelente compañía, una bella caminata por la Naturaleza, mi adorada Baviera...". Y agradecí a mis tres compañeros, que tanto empeño habían puesto para sacarme de la ciénaga emocional en que me hallaba. Entonces me vi capaz, con fuerzas para afrontar el futuro inmediato. "Merece la pena, merece la pena. La vida puede acarrearnos momentos duros, pero si en compensación existen ratos como éste...". Hubiera abrazado en el acto a mis tres amigos por haberme brindado el mejor presente navideño: unas dosis de alegría. Hubiera saltado, cantado... Bueno, lo de cantar sí lo hicimos Rosina y yo: un par de Jodler en un puente con buena acústica. Los transeúntes se detenían a escucharnos. Hm, Rosina es más desinhibida que yo para estas cosas...
La estancia en Baviera, por tanto, me ha servido muchísimo más que el mejor fármaco o la mejor terapia psicológica. ¡Gracias, gracias!
Y a todos vosotros os deseo un muy feliz 2011.
Ojalá el año me acerque más a mi ansiado destino bávaro: ¿podré mudarme definitivamente allí en alguna ocasión?

sábado, 1 de enero de 2011

Los chicos del coro en Granada


El pasado día 30 pude ver en el Palacio de Congresos de Granada a los Petits Chanteurs de Saint Marc, más conocidos como Los Chicos del Coro gracias a la película Les Choristes, que los hizo saltar al estrellato.
Fragmento. El concierto se celebró en un lugar poco apropiado, con mala acústica, y los organizadores no tuvieron otra idea más brillante que la de colocar megafonía. Yo estaba sentada muy cerca del escenario, pero aun así percibía el sonido enlatado y con saturación, pues se ve que el equipo era malo o que no hicieron las debidas pruebas. El piano resultaba penoso de oír, parecía un tecladillo estropeado, y las voces de los niños también se veían afectadas. ¿No podían haber cantado al natural? A mi juicio es preferible oírlos de lejos desde las filas de atrás que someterlos a tal amplificación...
Había en total treinta niños (chicos y chicas). No se hizo programa de mano, así que mi crítica resultará algo imprecisa. Recuerdo que el solista se llama Nicolas, fue muy aplaudido; hermosa su interpretación del Agnus Dei de no sé quién. También la del Ave Maria de Caccini (¡suerte, ésta la conozco!), ¿pero a quién se debe ese arreglo tan moderno? No he escuchado la pieza original y con estas versiones parece algo actual. Bueno, yo siempre he opinado que el pop-rock debe mucho a Monteverdi.
Demostración.
Los cantores de Saint Marc interpretaron fundamentalmente piezas ligeras, también algún arreglo a lo pop de fragmentos clásicos y villancicos ("El tamborilero, White Christmas, etc."). "Granada" de Agustín Lara fue muy aplaudida, hubo de incluirse de nuevo en los bises. Y como última propina, "Cielito lindo", con canto del público incluido. De la película interpretaron tres temas. Yo hubiese preferido más fragmentos clásicos para voces blancas...
La gente se emocionó mucho, de lo que deduzco que los coros de niños gustan también aquí; lo que pasa es que no se los da a conocer y que nuestro sistema del mínimo esfuerzo y el "aprender jugando" unido a una gran incultura musical y una falta de consideración por el sublime arte de Euterpe no propicia el desarrollo de estas formaciones.
¡Oh! Si hubieran venido mis Tölzer... Lo que pasa es que éstos son menos famosos, pocos los conocen por aquí aunque haya gente que tenga grabaciones suyas (las Cantatas de Bach con Harnoncourt, en esencia). Pero pienso que si se les diera publicidad, la gente iría. ¡Oh, qué bello sería que nos visitaran!
Me gustan más los coros de niños sólo que los de niños y niñas, el sonido resulta más empastado y homogéneo. Además, las voces graves de algunos altos otorgan un color especial que, mezclado con voces femeninas, se pierde.
Ejemplo sonoro.
Termino afirmando que no he oído a un coro de niños como al de Tölz, con su perfección, su refinadísima técnica, su empaste, la preparación solista de cada miembro... Y animo a los responsables a que sigan trayendo este tipo de formaciones vocales. ¡Ay, ojalá hubiera más en nuestro país y se las valorase en su justa medida! Para un niño, la experiencia de cantar en coro resulta única. Además, si sus profesores son excelentes y le dan ya desde pequeño una formación vocal máxima, eso le queda de por vida, aunque haya de adaptarlo con el cambio de voz. La gran mayoría de los integrantes del Tölzer Knabenchor, por ejemplo, ha seguido dedicándose a la música. ¡Ay! <alguien decía que tendríamos que aprender a leer música al mismo tiempo que letras, y estoy tan de acuerdo... Además, los niños pequeños suelen experimentar fascinación por este arte y cuentan con un sentido innato del ritmo: ¿por qué no se potencian estas capacidades, por qué se las deja morir sin más?
Bueno, no quiero ser pesimista en este primer día del año. Os dejo el blog de Nicolas Porte, director y fundador de los petits chanteurs de Saint-Marc. También la web oficial del coro, que por cierto no es accesible para ciegos con tanto flash.
Félicitations, monsieur Porte!
Y a vosotros un poco de música propia de estas fechas; con niños, obviamente.
¡Feliz 2011!