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viernes, 28 de junio de 2013

¿Integración o exclusión?

Requiescat in pace! Cierran el Centro de Recursos Educativos Luis Braille, donde cursé la EGB y al que tanto debo. Todo por culpa de las políticas de integración que se promovieron a finales de los 80, según las cuales los ciegos podían cursar sus estudios en centros normales sin ningún problema, con un profesor de apoyo que acudiese dos días en semana. Esto es, en mi opinión y por experiencias vividas y conocidas, totalmente falso. Un centro específico ofrece miles de ventajas: educación individualizada (clases de ocho alumnos con profesores preparadísimos y dedicados a ti casi en exclusiva, formación en autonomía e independencia personales (habilidades de vida diaria, movilidad, etc.), orientación académica hacia ámbitos que pueden ser desempeñados por los ciegos como la música, talleres varios de ajedrez, deportes, informática... Y, LO MÁS IMPORTANTE: EN ESAS EDADES TAN DIFÍCILES, LA PERSONA CIEGA ve que no está sola, que existen sus iguales con los mismos problemas, que aprenderá a superar y aceptar de forma común.
El único centro específico que incluía Bachillerato está en Madrid; cerró hace tiempo, por desgracia.
Con las políticas imperantes en los sistemas educativos actuales, la persona ciega se ve en un aula con otros treinta alumnos, cada uno con sus problemas: sordos, hiperactivos, síndromes de Down, etc. ¿Cómo puede un profesor dedicarle toda su atención, cómo puede estar preparado para tratar todos los casos? Imposible, y un profesor de apoyo dos veces en semana no es suficiente.
A partir de ahora, a los ciegos nos tocará mendigar, sumergirnos de nuevo en la oscuridad, no estar adaptados, no ser aceptados... Es lo que han querido: ahí lo tienen. Una buena educación resulta indispensable en el desarrollo formativo de cualquier persona, más aún de los discapacitados. Y no sólo eso: el saberse aceptado, socializado, integrado en un grupo... Claro que al final tendrá que salir a la calle y afrontar la realidad con videntes, pero si eso se hace desde una muy buena preparación, habrá mayor garantías de éxito.
Por eso, amigos míos, estoy de luto. ¿Y qué decir de las expectativas laborales? Antes había oposiciones para trabajar en los colegios, en las agencias y delegaciones de la ONCE, etc. Ahora, todo eso se ha perdido.