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lunes, 19 de febrero de 2018

¡No mintamos a los niños!


-¡No llores! Tu madre ha ido por un pañuelo; enseguida vuelve.
Eso me dijo la maestra de Párvulos (¡qué hermosa palabra desechada sin motivo!) después del amargo trago de la separación. Evidentemente no hubo madre ni pañuelo hasta la hora oficial de recogida. "¡Los mayores mienten!". ¿Cuáles son las ventajas de esta práctica? ¿Estamos dispuestos a que nuestros críos dejen de confiar en nosotros; en los adultos? ¿Qué valores transmitimos? No, se trata de ir a lo fácil: aliviar el llanto ahora; lo demás no importa. A esa maestra no le hubiera resultado complejo explicarme que iba a pasar tres, cuatro horas en aquella clase repleta de infantes, consolarme y vendérmelo como algo atractivo, esmerándose para que lo fuera.

Otro apartado que recuerdo son las vacunas, temidas y odiadas por mí como por cualquier chiquillo. No cuesta nada hacerles ver la importancia de esta práctica para no sucumbir a graves enfermedades; así los vamos concienciando y no propagarán absurdos y dañinos bulos antivacunas cuando crezcan. Los niños están muy lejos de ser imbéciles: nuestro deber es razonar con ellos y aclarar dudas. Sólo así los educaremos correctamente, alentando su curiosidad y su espíritu crítico. Si recurrimos al mito o a ininteligibles y no cuestionadas afirmaciones que únicamente avala el principio de autoridad ("Esto es así porque lo digo yo", "porque soy tu padre"), ¿cómo vamos a inculcarles el método científico? ¡Jamás ridiculicemos sus preguntas o dejemos de contestarlas por no conocer la respuesta! Lo que hay que hacer es investigar con ellos y buscarla juntos: ¡qué hermosa lección de humildad y de amor por el saber!
Estoy evocando ahora una de las obligadas visitas de inmunización al ambulatorio, y ya vamos por la segunda palabra cadáver: los ambulatorios son ahora "centros de salud". Lloraba en los minutos previos; cuando me pinchaban no solía quejarme. Total: ya había pasado. Para evitar el numerito que causaría por la calle, mi madre me notificó que iríamos a una tienda de comestibles poco elaboradamente llamada Como-Como. Muy pronto me percaté del engaño; algunos metros antes de llegar a la puerta del para mí centro de torturas. Me sentí traicionada y nuevamente pensé que los mayores no decían la verdad. Rompí en lágrimas ante la desagradable perspectiva de la inyección. Entonces oí a mi madre decirle a alguien: "Es la vacuna de recuerdo de los seis años". "¡Anda, de eso se trataba" -debí de pensar. Con voz ahogada pero firme para que todos lo oyesen, aunque venciendo mi gran escepticismo sobre el resultado final (¡cualquiera convence a un adulto!), exclamé: "¡pero si yo me acuerdo, me acuerdo! ¡De verdad!". Por supuesto, no entendí la carcajada de los presentes: ¿tomaban a broma algo tan serio como mi padecimiento? ¡Que se lo hicieran a ellos!
Llegó la hora, pese a mis esfuerzos por evitarlo. El enfermero, antes llamado ATS, intentó tranquilizarme de forma errada; mintiendo:
-No te va a doler: tenemos unas agujas nuevas que son de goma.
Consiguió apaciguarme aunque, he de decirlo, no me fiaba demasiado. El pinchazo subsiguiente me sacó de toda duda: "¡los mayores no dicen la verdad!".
Si mentimos a los niños, ¿con qué autoridad moral podemos exigirles que sean sinceros? Si basamos la educación en eliminar la molestia inmediata, lo echamos todo a perder. Tenemos que esforzarnos a diario, aunque sea duro; porque instruir a un chico cuesta, ¡y mucho! Si somos los primeros en tirar la toalla, vamos mal. Si les damos la maquinita para que estén callados en lugar de enseñarles pacientemente, jugar con ellos, mostrarles el mundo y asombrarnos y regocijarnos con los nuevos aprendizajes, los resultados no serán buenos y habremos perdido para siempre una hermosa, tierna complicidad.
Es preciso que sepan desde el principio que hay cosas que se pueden hacer y otras que no; hemos de establecer unos límites claros. ¡Cuánto daño causa la excesiva permisividad dominante! Por supuesto, hay que razonar. Claro que a veces la tarea es ardua porque ellos se obstinan, se ponen tozudos; pero si aprecian en sus padres una actitud congruente y lógica, podrán ir forjando sólidos patrones de conducta. No sirve de nada que consigan de un progenitor lo que el otro les deniega; que escuchen la amenaza de un castigo o el consuelo de una promesa y luego éstos no se cumplan; que les prohibamos en otros contextos lo que les consentimos en casa. Si queremos que lean, urge predicar con el ejemplo. Si nos repugna su adicción a tabletas y teléfonos pero nosotros mismos estamos todo el día usándolos, ¿qué mensaje transmitimos?

¡Los niños de hoy son los hombres de mañana! Bajo su responsabilidad dejamos el planeta, así que nos conviene sembrar bien para cosechar buenos frutos. Queridos padres: ¡merece la pena! En cuanto a vosotros, infantes, ¡seguid explorando, preguntando y descubriendo: saber es maravilloso! Conmovednos con vuestra ternura; hacednos sonreír ante divertidas ocurrencias y regaladnos esa ingenuidad que no siempre es tan ingenua! En muchas ocasiones, vuestra mirada alcanza lo más profundo. ¡Creced felices!

miércoles, 14 de febrero de 2018

Contra los recortes en investigación: ¡firmemos para salvar la ciencia en España!






La política de nuestro gobierno en lo que se refiere a la ciencia y la investigación es sangrante y absuda. Para empezar, ni siquiera existe un Ministerio de Ciencia, dependen de la cartera de Economía. Estoy acordándome ahora de cuando Zapatero se sacó de la manga el de Igualdad... Ellos sólo atienden a la demagogia y al voto inmediato con la única aspiración de seguir en el puesto, caiga quien caiga. Pierden el tiempo y la energía lanzando acusaciones pueriles sobre la incompetencia del contrario, en vez de tomar medidas realmente eficaces. Dilapidan o emplean mal los presupuestos; no saben administrarse; no se centran en lo que hará avanzar al país.
Parecen no entender que, si no hay medios para la investigación, nos quedaremos a la zaga. También ignoran que cada euro empleado con tal propósito retorna más que de sobra. Eso sí: luego nos beneficiamos todos de los logros y las ventajas que conllevan estos esfuerzos. ¿Qué sería de nosotros sin la ciencia y el progreso? Os lo escribo ahora desde un IPhone, con teclado Bluetooth; vosotros lo leeréis empleando varios dispositivos electrónicos: teléfonos, ordenadores, líneas Braille... Cuando termine me levantaré y usaré mi cocina de inducción y el microondas, luego pondré el lavavajillas y tal vez ingiera un medicamento. Por la tarde me llevarán a un pueblo donde he de cantar; con automóvil y empleando la tecnología de satélite para orientarnos que, por cierto, debe mucho a Einstein: si no se hubiera sabido que el tiempo es relativo, los geolocalizadores habrían tenido desfase temporal porque nadie habría corregido esta particularidad: ¡ja, ja! Bueno, se hubieran dado cuenta en ese momento.

Tan largo preámbulo viene porque quiero compartir con vosotros una campaña que está cogiendo fuerza en Change para denunciar los recortes en investigación:
Firma.

Me apena que los héroes nacionales sean futbolistas, cantantes comerciales prefabricados, chicos que graban absurdos vídeos en Youtube o personas de dudosa reputación cuya fama se origina por cometer actos delictivos o execrables. Nuestros investigadores se ven obligados a abandonar el país para conseguir apoyo mientras unos niñatos incrementan desmesurada e insultantemente sus ganancias por dar patadas a un balón, asesinar la música o compartir estupideces en la red. Son vitoreados allá donde van y mueven multitudes. ¿Qué significan ellos para el progreso? ¡Absolutamente nada! Mientras tanto, quienes nos salvan de enfermedades o facilitan nuestra vida de muchas otras maneras caminan por las calles en el anonimato, pensando quizás en los preparativos para el exilio inminente tras la enésima denegación de su proyecto.
Las televisiones, en lugar de ofrecer espacios educativos y culturales, nos bombardean mayoritariamente con partidos del siglo (casi todos lo son), debates políticos en que los periodistas se interrumpen a gritos o programas donde un bestiario de impresentables se insulta y denigra. ¿Cómo vamos a pretender así que nuestros ciudadanos sean consecuentes y tengan espíritu crítico? Si no se educa desde la base, ¿a qué vamos a aspirar? Los niños de hoy son los investigadores y gobernantes de mañana. Si los primeros zafios son los señores en cuyas manos dejamos el país, podemos aguardar eternamente a que ofrezcan un servicio público de calidad.
Esta petición está consiguiendo muchos apoyos: ¡un consuelo! Dudo que haya respuestas efectivas, pero al menos logramos cierta sensibilización ante el problema.
¡cambiemos el paradigma! ¡Consideremos lo que realmente importa! ¡Utilicemos el dinero público con seso! ¡Nuestro ídolo no es Ronaldo, sino Mojica! Muchas gracias.



Eco mediático (selección):
Cadena Ser: SOS para salvar la investigación en España.
Noticia en Onda Cero.
La Sexta Tv. El Diario.
La Vanguardia.
El Periódico.
Heraldo.

jueves, 8 de febrero de 2018

El dislate de las "Portavozas": ¡basta ya de "@s"!





La RAE aclara.
Fundación del Español Urgente: Femenino de "portavoz".
Queridos y queridas lectores y lectoras, altos cargos y altas cargas:

Me dirijo a vosotros y vosotras, ustedes y "ustedas", para denunciar algo alga que me preocupa "bastanta": las "estupidezas" con las que herimos a nuestro pobre "idiomo".
Un glorioso día de un año no menos glorioso, alguien tuvo la ocurrencia de afirmar que el lenguaje es sexista. Intuyo que estaba aburrido, sin nada más útil en que invertir un tiempo que dilapidó con nimiedades del género. Precisamente: del género. El masculino se emplea para generalizar cuando hay conjuntos de elementos masculinos y femeninos; una mera cuestión de gramática ajena a la discriminación de las mujeres. El lenguaje opta por la economía y, lógicamente, evita redundancias innecesarias; repeticiones farragosas que tornarían imposible la lectura de lo que pretende comunicarse, además de quitarle belleza y fluidez. Imaginad cualquier texto literario escrito así; cualquier conferencia pronunciada en esos términos. Los defensores del "todos y todas" son unos incongruentes: lo emplean sólo al principio porque ellos mismos no se soportarían recurriendo siempre al masculino y al femenino. Lo que hay que hacer para no discriminar es llamar a cada uno por su nombre, así no se deja a nadie. Toma nota, presidente, para cuando te dirijas a la nación.
Pero, ¿cómo es posible que hayan dado cancha a tamaña estupidez? Cuando empecé a trabajar en la enseñanza secundaria y vi en los libros de texto "Los y las adolescentes", "los niños y niñas", etc., quise escribir a las editoriales. En fin: por lo menos no ponía "estudiantas" y "adolescentas". No os riáis, que decimos "presidenta". Ya anda generalizado modisto". ¿Por qué no "artisto", "periodisto" "equilibristo"? ¿Habéis olvidado que el sufijo -ista, como la terminación -ente, no tiene nada que ver con el género; que los artistas y paracaidístas, los dirigentes y los suplentes pueden ser hombres y mujeres? En cuanto a las paridas actuales mencionaré "miembra", "portavoza [1]", "soldada (por "mujer soldado")... Ampliad la lista como queráis.
Por cierto. ¡qué es eso del Homo Sapiens? ¡También había mujeres! Propongo Homo / Mulier Sapiens; o, a este paso, más bien Insipiens. ¡No, era broma; no vayan a hacerme caso! ¿Y los homicidas? ¡También matan a mujeres! Homi-muliericidas. Igualmente antropo-ginecomorfo, fraterno-sorerno, patermaternal, etc. ¡Oh, qué ganas de complicarlo todo! Como el ansia por alargar las palabras innecesariamente para darse ínfulas: analítica, problemática, climatología en vez de análisis, problema y tiempo; porque la climatología es la ciencia que estudia los climas y no la predicción meteorológica. Ahora ya no se ven vídeos, se visionan. Los ciegos somos invidentes y los discapacitados, diversificados funcionales. ¿Y qué decir de expresiones absurdas e insulsas como "poner en valor"? O los pies que están por todos sitios: "a pie de calle", "a pie de playa", "a pie de carretera", "a pie de urna"...

Los hablantes de cualquier lengua tenemos el deber de conocerla y la obligación de cuidarla. Además, si vamos a comunicarnos con otros hemos de hacerlo bien, evitando ambigüedades y sin hacer de nuestro mensaje un maremágnum ilegible. Por favor: ¡esforcémonos! Pensad en tantos grandes de las letras: ¿qué dirían? Considerad la diferencia entre una condena a muerte y un indulto... ¡por una sola coma! Imaginad lo que ocurriría en casos de emergencia ante malentendidos por uso impropio del idioma! No: nada de esto es baladí. Un texto mal escrito, con faltas de ortografía e incorrecciones gramaticales, disuade a posibles lectores. Nuestra mejor carta de presentación es, por tanto, una escritura cuidada y un estilo claro, con los signos de puntuación donde corresponde, los vocablos adecuados y una fluidez que excluya repeticiones y posibilite la correcta interpretación de lo que queremos decir. El pretendido "lenguaje no sexista" supone una gran traba e introduce elementos de distracción y tedio que provocarían nuestro abandono inminente y malhumorado de tan repugnante lectura. Creedme: ¡va contra toda lógica!

Espero que hayáis quedado conformes y con formas.
[Unas horas después]
Irene Montero (¿o "Montera"?), la señora de Podemos que ayer se quedó tan a gusto con sus "portavozas", hizo algo muy común en nuestros políticos y en general: "mantenella y no enmendalla". Entre otras insensateces, afirmó que la RAE tiene mucho que aprender. ¡De ella, por supuesto! No comento nada porque no quiero destrozarme la "voza": la necesito entera para los conciertos de la próxima semana.
Por favor, señores académicos: ¡vengan y explíquenles cuán errados andan! ¡Refútenles sus descabelladas teorías! ¡Frenen este virus peligroso! Temo por la salud del español, víctima a diario de envites como los que denuncio. Don Miguel: menos mal que no puedes verlo. ¿Me ayudas a "desfacer el agravio"? ¡Contempla las heridas supurantes de la que otrora fuese lengua del Imperio! Quienes la usamos nos dolemos con ella y vislumbramos su inminente catástrofe. En un país con sistemas educativos encaminados a la mediocridad y formación deficitaria que conlleva una extremada pobreza en lo referente a la autoevaluación y el espíritu crítico, albergar esperanzas de mejora es casi una utopía. En vez de aprender de nuestros errores creciendo con ellos y evitando su recurrencia, los defendemos absurda y obstinadamente desde la atalaya de la más absoluta obcecación, la más peligrosa rigidez mental. ¡Cómo nos ayudaría ser humildes! La humildad es directamente proporcional a la cultura: cuanto más profundo resulta el caudal de nuestros conocimientos, tanto más conscientes somos de la inmensidad que nos falta por saber. Esto, lejos de amilanarnos, tendría que producirnos oleadas de dicha, curiosidad y ganas de seguir aprendiendo. Así les ocurre a los científicos, por ejemplo, que investigan con denuedo para hallar nuevas respuestas. Cuando la Humanidad se extinga, habremos dejado muchísimo terreno sin descubrir: ¿no es maravilloso? Gracias a ese incansable anhelo de conocer hemos llegado hasta aquí. Sería una tremenda irresponsabilidad que frenáramos nuestra imparable carrera optando voluntariamente por la alienación y la pasividad. Sugiero empezar por el idioma queriéndolo, cuidándolo, respetándolo y desgranándolo. La lengua es vehículo de cultura y con ella nos podemos adentrar en saberes de todo género que irán enriqueciendo nuestro acervo. Desde este punto podemos marcarnos cualquier meta. Sólo así obtendremos la tan necesaria amplitud de miras y, como consecuencia natural de todo ello, seremos mucho más tolerantes y abiertos porque admitiremos los fallos, propios y ajenos, dentro del proceso normal sin que nos pese, ofusque o denigre corregirlos; disfrutaremos de la excelencia y del buen hacer. Todos tenemos acceso a esa sociedad: basta desearlo. Nunca antes hemos gozado de tanta información al alcance de la mano: ¿a qué esperáis?

NOTAS.
1). La palabra "Portavoz" deriva del latín "PORTARE", verbo que significa "llevar", más VOCEM, acusativo de VOX-VOCIS ("voz"). Primero se diría "voce" para luego perderse la -e final, como ocurrió con "felice" y otros vocablos. Quienes promulgan o difunden un mensaje, quienes representan a un determinado organismo son los portavoces; hombres y mujeres. En caso de ambigüedad, la marca de género la proporcionan el artículo o los determinantes: el portavoz, esta portavoz... La iluminada Montero y sus acólitos, si consideraran mínimamente aspectos gramaticales y etimológicos de lo más simples, habrían podido deducir que, en caso de optar por un despropósito tan absurdo como "portavoza", se verían obligados a decir "voza".

Las escritoras españolas responden a Irene Montero.

"—¿No ves que la finalidad de la neolengua es limitar el alcance del pensamiento, estrechar el radio de acción de la mente? Al final, acabamos haciendo imposible todo crimen del pensamiento. En efecto, ¿cómo puede haber crimental si cada concepto se expresa claramente con una sola palabra, una palabra cuyo significado esté decidido rigurosamente y con todos sus significados secundarios eliminados y olvidados para siempre? Y en la undécima edición nos acercamos a ese ideal, pero su perfeccionamiento continuará mucho después de que tú y yo hayamos muerto. Cada año habrá menos palabras y el radio de acción de la conciencia será cada vez más pequeño. Por supuesto, tampoco ahora hay justificación alguna para cometer crimen por el pensamiento. Sólo es cuestión de autodisciplina, de control de la realidad. Pero llegará un día en que ni esto será preciso. La revolución será completa cuando la lengua sea perfecta. Neolengua es Ingsoc e Ingsoc es neolengua —añadió —con una satisfacción mística—. ¿No se te ha ocurrido pensar, Winston, que lo más tarde hacia el año 2050, ni un solo ser humano podrá entender una conversación como esta que ahora sostenemos?"

George Orwell: "1984".

lunes, 22 de enero de 2018

Ciencia y música.


Hoy escribo dejándome bañar por un rayito de nuestro Sol, el que, por otra parte, suele atormentarme con su excesivo calor durante el tórrido y cada vez más largo verano andaluz. Ahora, en cambio, sienta bien y mientras se me calientan las piernas considero lo hermoso que resulta imaginar que hemos sido creados en las cocinas estelares: ¡los átomos que nos constituyen vienen de aquellos guisos. Tras múltiples combinaciones y recombinaciones, azar y tiempo estamos ahora aquí, meditando sobre nuestros orígenes: ¿no resulta fascinante y romántico? Si todos nos detuviéramos a analizar dichas cuestiones, no nos veríamos tan distintos y nos respetaríamos más, aparte de cuidar a este pequeño planeta, uno de tantos y tantos; pero que constituye nuestra casa; el único lugar conocido hasta ahora que alberga vida inteligente. ¿Por qué seguimos sin poner freno a tanta contaminación? ¿Por qué negamos el cambio climático, en lugar de intentar que la catástrofe no llegue tan pronto? ¿Por qué impedimos que se vea el cielo, trastocando nuestro propio ritmo circadiano y el de las demás especies? ¿Por qué somos tan ruidosos, sucios, egoístas...? ¡Maldito Antropoceno! ¿Tan poco nos importa la vida? ¿Tan poco queremos a la Tierra, al universo?

¡Vaya, todo esto por un rayo de sol! O quizás por el cansancio después de tres intensos días de ensayos con el Coro de la Sociedad Musical de Sevilla. En febrero cantaremos el Requiem de Mozart con miembros de la Joven Orquesta Barroca y el cuarteto vocal Vandalia. ¡Qué emoción! Gabriel Díaz, Rocío de Frutos, buenos instrumentistas... Me encanta formar parte de un conjunto musical, sentirme pequeña y grande a un tiempo en el todo armónico. ¡Oh, qué inmenso valor educativo tiene el arte de Euterpe! Fomenta el compañerismo, la colaboración, la solidaridad, la sensibilidad y tantos y tantos de esos temas transversales que andan de moda. ¡Pero los políticos y legisladores no lo piensan; o no quieren pensarlo!


Anna, una compañera del coro, me ha alojado en su casa. Ella es investigadora del CSIC, como varios de mis últimos conocidos, curiosamente: "ponga a un investigador en su vida". El sábado tuve el privilegio de visitar su laboratorio. Trabaja con arabidopsis: variándoles los ritmos circadianos, mutándolas, etc. Dependiendo de si sus días eran más cortos o más largos, las plantas desarrollaban mayor lecho de hojas, tallos escuálidos...
Pude ver asimismo varias centrifugadoras, balanzas, pipetas, frascos con cianobacterias... ¡Nuestras amigas procariotas fotosintéticas responsables de la gran catástrofe del oxígeno. Al desechar este gas aumentó su concentración en el agua y salió a la superficie. Llegó a la atmósfera también en forma de molécula de tres átomos, O3 u ozono. ¡Qué maravilla! Así nos protegió de los rayos ultravioleta, de las letales radiaciones cósmicas... Pero en aquellos momentos intoxicó el ambiente y produjo una masiva extinción en el planeta. A nosotros nos vendría muy bien aquel veneno corrosivo, y la vida actual no se entiende sin él: ¡Viva la adaptación!

¡Qué hermosa simbiosis con las plantas! Ellas desechan lo que nosotros respiramos, y viceversa. ¿Por qué maltratamos tanto nuestros bosques?
Antes de salir del laboratorio cazamos un cerebro, como Estupinya: José Román, bioquímico que investiga levaduras y analiza la resistencia al flúor, lo que podría conllevar aplicaciones médicas. Hay enfermedades producidas por la toxicidad del flúor en aguas contaminadas o bien naturalmente ricas en este elemento. Cuando le pedí que me hablara de sus investigaciones, quiso saber si era bióloga, bioquímica... "Yo soy... de letras puras" -respondí con cierto azaro, mas ello no fue óbice para que me lo expusiera todo con creciente entusiasmo. Hubiera querido preguntarle algunas dudas; mi formación es ínfima y se me escapaban cosas, pero teníamos poco tiempo. ¡Necesito libros divulgativos!
El jueves asistiré a una conferencia sobre ondas gravitacionales. Espero que este astrofísico divulgue de verdad, porque como se meta en números [1]... Yo hasta ahora lo único que sé es que dichas ondas han sido el bombazo de los últimos meses en ciencia: se trata de perturbaciones del espacio- tiempo provocadas por eventos violentísimos, como el choque de dos agujeros negros o de dos estrellas de neutrones. Las han detectado los observatorios LIGO y VIRGO y nos abren una ventana a la exploración del cosmos. El genial Einstein las predijo en sus ecuaciones..., ¡y por aquí andan! No me preguntéis más; tal vez el jueves amplíe mi visión.

Vídeo: Naukas Bilbao - Aventuras del mecánico cuántico.
Hace unos meses fui a otra charla supuestamente divulgativa sobre la física de partículas. ¡Oh, no entendí nada! Bueno, sí: que en el principio era el Big Bang; que la energía se hizo materia y habitó entre nosotros. Que el átomo es un microcosmos y... ¡Fin! Función de onda, partículas que dan masa a otras, números y más números, términos extraños y expresados a máxima velocidad... ¡Eso era ya para especialistas! No: el buen señor no pensó en los simples mortales.
¡Cuántas puertas me está abriendo la ciencia! ¿Quién me iba a decir que me tocaría dar una charla en el evento divulgativo "Desgranando Ciencia", junto a magníficos investigadores y comunicadores? ¡Yo, una pobre ignorante advenediza! Hablaré de ello en otra entrada, cuando esté disponible el vídeo. ¡Qué bien lo pasé, y cuánto aprendí! Supuso para mí todo un privilegio, un inmenso honor. ¡Gracias por invitarme, Óscar! ¿Y qué decir del humor de Emilio, del Instituto de Astrofísica? ¡Otro divulgador apasionado!
Ahora más que nunca soy consciente de que la curiosidad es algo indispensable: ¡gracias a ella hemos avanzado y estamos aquí! No hay preguntas tontas. Dispongo de mucha información en las redes, en programas de radio..., ¡y me puedo comunicar directamente con investigadores, divulgadores; con cerebros geniales! Se trata de encontrar a los maestros adecuados. Si alguien se niega a aclararme dudas o me ridiculiza por considerarme demasiado tonta, entiendo que el problema no está en mí: he de buscar otras fuentes; de insistir. ¡No es idiota quien desea formarse; da igual el punto de partida!
Claro que hay cosas que no tendrán remedio, como mi impericia para los números. No conocer el lenguaje del universo, el "matematiqués", hará que mi acercamiento a la ciencia sea superficial, pero bueno: todos tenemos nuestros puntos fuertes y débiles.
La divulgación es fascinante: basta con entender el lenguaje y buscar buenos libros para acceder a una gran cantidad de conocimientos maravillosos; para abrir miles de cofres de sorpresas. En este sentido expreso aquí mi agradecimiento a los comunicadores de la ciencia: ¡seguid trabajando, os necesitamos!
Cierro estas líneas porque voy a adentrarme en nuestros orígenes: "Hijos de las estrellas", de Manuel Toharia. ¡Oh, queridos libros! ¡Nunca os cansáis de instruirme!
¡Leed! ¡Aprended! ¡Sorprendeos! ¡Hay tanto por descubrir...!

¡VIVA LA CIENCIA!
Asociación Española de Comunicación Científica.


NOTAS.
1). Antonio de Ugarte ha resultado ser un divulgador excepcional y propenso a la broma. No me queda claro, sin embargo, el funcionamiento del interferómetro: eso de los dos rayos perpendiculares... Si comparamos el espectro electromagnético con un teclado, distribuyendo las frecuencias desde la nota más grave a la más aguda (creo que la luz visible ocuparía sólo una octava), ¿las ondas gravitacionales irían en otro teclado análogo que emita en un rango distinto de frecuencias? ¿No se interfieren? Ya, ya; perdonad: ¡soy ignorante! Y lo de la escapada de ondas gravitacionales con la fusión de dos agujeros negros, ¿no fue una de las teorías que catapultaron a la fama a mi amigo Hawking? ¿No tendrían que darle el Nobel, ahora que se ha detectado el fenómeno?
¡Muchas gracias, divulgadores! ¡Explicad, por favor!

miércoles, 20 de diciembre de 2017

¡Pseudociencia no: gracias!



Libro de divulgación sobre vacunas escrito por Ignacio López-Goñi y Oihana Iturbide.
Me cuesta entender que, iniciado el siglo XXI y en una sociedad tecnológica, haya tantos crédulos, supersticiosos y, lo peor de todo, fanáticos que se aferren ciegamente a creencias irracionales, bulos y engaños en su perjuicio, sin ni siquiera contrastar la información valiéndose de los muchos medios a su alcance. Ellos tratan de convencernos y desprecian la lógica; el sentido común.
Hace poco quedé sorprendida y atribulada por la charla con tres amigos de cierta cultura, inquietudes... "Parece mentira -decía una de ellos- que los científicos estén en contra de la homeopatía y de las terapias alternativas". "¡Precisamente -respondí-! Basta ya de supercherías". "¿Y por qué no? ¡Cada uno que haga lo que quiera! Yo no estoy vacunada". ¡No! ¡Ninguno de los tres! O, al menos, eso afirmaban. ¡Qué aberración! Ponen en peligro su vida y la salud pública; dañan a la ciencia propagando a los cuatro vientos que las vacunas matan o provocan autismo. ¿Cómo es posible? Se indignaron cuando les pedí que dejaran de comprar el agua más cara del mundo y que habría que retirar ya de las farmacias esos malditos placebos homeopáticos. ¿En qué cabeza cabe, cómo pueden dar crédito a una falsedad tan grande? Y si mueren por rechazar tratamientos que podrían curarlos, como aquel chico italiano que falleció de cáncer... "Es que la medicina tradicional te mata; las vacunas matan" -siguieron en sus trece. Ellos hablan sin datos; sin cotejar la información; usando frases que han oído por ahí. Sinceramente, no creo que hayan renunciado a los medicamentos.
Durante mi depresión, un supuesto terapeuta amigo de una amiga mía me recetó estas falsedades. Yo estaba tan anulada que no tuve fuerzas para llamarlo timador o interponer una denuncia; simplemente me negué a comprar aquellos mejunges; carísimos, por otra parte. Hace años, una dentista me mandó homeopatía para la infección de muela: ¡por favor!!!
Me resulta muy graciosa la afirmación de algunos partidarios de tales supuestos remedios: "no tienen química". ¿Ah, no? ¿Entonces qué? ¿Están hechos de vacío? Compran cualquier cosa de herbolarios sin consultar, ignorando el contenido y la procedencia de las sustancias. ¿Eso no es riesgo? Los medicamentos, en cambio, han pasado muchísimos controles antes de ponerse a la venta y están avalados por años de investigación. ¿Cómo pueden dejarse lavar el cerebro tan fácilmente?
Para colmo, existe la moda de afirmar que somos culpables de nuestras dolencias por la vida que llevamos. Ciertamente el estrés puede contribuir a la mayor propagación de enfermedades por debilitarnos el sistema inmunológico o favorecer problemas circulatorios, entre otros; pero de ahí a hacernos responsables de todo lo que nos ocurra, directamente o a través de nuestros antepasados... Varios enfermos de cáncer o parientes de los mismos han soportado tan estúpida carga suplementaria. ¿Qué ocurre? ¿Es que nos gusta mortificarnos?
Las depresiones se prestan a este tipo de falacias. Muchos rehúsan tomar medicación, sometiéndose a un padecimiento que podrían acortar. Encima se sienten culpables, pues lo corean a su alrededor familia y amigos: "si estás así es porque quieres. ¡Qué egoísta, teniéndolo todo! Te gusta sufrir, quieres llamar la atención. Mira los del tercer mundo! Pobres, sin recursos, y más felices que tú. ¡Eres flojo, perezoso! ¡No te soporto! ¡Una vida demasiado fácil has tenido; demasiado blanda!". ¡Basta; basta, por favor! ¡Dejadlo ya, brutos; no los torturéis más! ¡Vais a matarlos, maldita sea! La depresión es una de las principales causas de suicidio y comentarios así aumentan el riesgo: ¡inconscientes, ignorantes, burros! ¡El tremendo daño de este tipo de reproches puede ser definitivo! ¿Es que no comprendéis que existen dolencias mentales y que éstas han de ser tratadas, como cualquier otra? ¿Por qué os negáis? ¿Creéis acaso en un homúnculo; en un yo más allá de nosotros que lo rige todo? ¿Alma, dios...? ¿Cuándo vais a enteraros de que se trata de impulsos eléctricos; conexiones sinápticas; neurotransmisión? ¡No estamos en la Edad Media; que se note! Cuanto más sepamos sobre nuestro funcionamiento, mejor. Lo que no entiendo es que les cueste menos creer en algo místico, pueril y dogmático que en explicaciones científicas fundamentadas.
Es paradójico que, a pesar de la facilidad con la que contamos para empaparnos de información y cotejar fuentes fidedignas, nos encerremos voluntariamente en la sinrazón y el esoterismo. Necesitamos una buena educación desde la base que nos haga pensar y fomente un sentido crítico en nosotros, pero eso no le conviene al Gran Hermano. En fin... "Aún guarda la esperanza la caja de Pandora", decía Darío.
Asociación para proteger al enfermo de terapias pseudocientíficas.

Programa "Entre Probetas": "No a la pseudociencia y pseudoterapias".

lunes, 11 de diciembre de 2017

¡Disfrutando de la nieve en Cranfield!




Mañana regreso a España después de haber pasado tres hermosísimas semanas en Cranfield, invitada por mi gran amigo Richard. Tiene la suerte de vivir en un pueblecito bello y tranquilo, con jardín propio y el bosque muy cerca, en una entrañable casa que rezuma paz. Es un gusto no oír ruidos, despertarte con el canto de los pájaros, volver de un paseo de más de dos horas con la cara congelada por el azote del viento frío y sentarte al amor de la chimenea cuyo calor y crepitar te adormecen, sumiéndote en un estado de armonía, plenitud y dicha.


El pórtico de madera, entrada al recinto de Dorchester Abbey donde tendría lugar el concierto del Mesías.

La tradición inglesa de los coros de niños no se ha perdido; los hay en todas las catedrales, en muchas iglesias, en los Colleges...; y tan buenos como el del New College de Oxford o el del King's College de Cambridge. Todos los días hay una misa cantada por la tarde, el Evensong. Esta vez hemos visto únicamente al coro de la catedral de Ely porque la mayoría se fue de vacaciones hace más de una semana. ¡Volveré!
He cantado con Richard en dos oficios, en Milton Keynes. El mejor fue el de Adviento, con muchísima música. Para mí suponía un gran reto asistir a un solo ensayo antes; por suerte me facilitaban los textos. Lo demás era todo intuición y memoria, salvo que conociera las obras.



Con un carruaje antiguo delante del George Hotel


Ya el 21, cuando llegué, Richard me informó de que el domingo anterior a mi regreso podía haber nieve. Yo preferí no pensar para no ilusionarme en vano si las previsiones meteorológicas fallaban. El viernes, en el ensayo del coro, alguien dijo que quizás no podrían llegar a la misa dominical por la nieve, y entonces sí agucé los oídos: "¿es cierto eso de que va a nevar? ¡Sería un regalo estupendo!".
El sábado fuimos a Dorchester on Thames porque Richard iba a cantar el Mesías de Haendel con un coro de Londres. A mí, a pesar de tener la obra enterita grabada en el cerebro, no me dejaron interpretarla porque ya contaban con suficientes sopranos: "si fueras tenor...". ¡Siempre igual! Claro: tenía que haber nacido en Alemania o Inglaterra, de sexo masculino; ser niño cantor; luego tenor famoso en un grupo de música antigua..., y tocar el órgano, el laúd, el clave... Pero bueno, sigamos relatando ordenadamente los sucesos ocurridos que no sé si serán dignos de memoria, pero que en cualquier caso plasmo para solaz y goce de mis desocupados lectores..., o así lo espero.


Richard

Cuando regresamos de Dorchester hacía -1 grados. "¿Nevará esta noche?" -me dije recordando un evento similar en 2013, en Granada. Habían anunciado nieve y mi padre viajó desde Osuna y estuvo acechando toda la noche para no perdérsela. A las siete cayeron los primeros copos y nos llamó emocionado. Fue una suerte porque se derritió pronto; así pudimos verla virgen. ¡Qué ilusión pisar mi calle nevada, sin saber dónde terminaba la acera, dónde había pasos de peatones! Sólo aquel delicioso manto blanco. Me gustaría vivir en lugares bendecidos por la nieve; Osuna tiene poco de eso. Mi padre recuerda una gran nevada en 1954, y entonces tenía tres añitos. ¡Ay! Muchos se quejan de los inviernos duros, pero... ¡Son una delicia!




Si nieva puedes disfrutar de hermosos paisajes, pasear sintiendo su crujido bajo tus pies, construir figuritas... Si hace frío, te abrigas o enciendes la chimenea. Si llueve, te regocijas de ver los bosques regados. Decidme, en cambio, qué tiene de bueno el calor sofocante que nos vemos obligados a sufrir desde mayo hasta septiembre y cuya duración e intensidad aumentan por culpa del cambio climático. No se puede dormir, te mareas si sales, te cuesta cualquier esfuerzo por mínimo que sea, te pesan los miembros, sudas copiosamente, no tienes ganas de comer, te deprimes cuando miras la previsión del tiempo que sólo dice sol, sol, sol, calor, calor, calor, mínimas de 30 y máximas de 42... ¡Socorro! Como esto siga así, emigro. Desde luego, al menos durante el verano pienso escaparme mientras pueda, porque os juro que me afecta a la salud. Entre vivir encerrada y malhumorada y poder salir, emprender múltiples actividades, disfrutar de variedad climática..., opto por lo segundo.



Nuevamente he perdido el hilo con mis digresiones. Estábamos en la vuelta de Dorchester, aquejada de migraña clásica y etimológica, porque me dolía efectivamente una mitad: la izquierda. Me acosté con frío y mal cuerpo pero dormí profundamente, despertando sin ninguna secuela. Serían las 6 cuando fui al baño y Richard, que había estado pendiente porque sabía cuánto me iba a ilusionar, anunció desde su cama que había nieve fuera. Ya no pude dormir: abrí la ventana y toqué el alféizar. ¡Ahí estaba el manto blanco, bien puestecito! Hice varias fotos a ciegas, apuntando al suelo en vez de a los árboles que tenía cerca: cosas de la falta de visión. "¿Cuánta nieve habrá? ¿Seguirá cayendo?" -me preguntaba deseando que Richard se levantase. Parecía una niña pequeña el día de Reyes. Por fin lo escuché sobre las ocho menos cuarto:
-Venga: tenemos que darnos prisa para disfrutar de la nieve antes de ir a la iglesia -es que cantábamos en la misa.
-¿A la iglesia? ¡No! Yo quiero ver la nieve y, con lo que se enrolla el cura, cuando salgamos ya se habrá fundido! Pero..., ¿hay mucha?
-Un montón.
Cervatillos

Salimos juntos a tocar la nieve y lo primero que vi fue el escalón del umbral absolutamente cubierto; con una montañita. ¡Vaya sorpresa! Habría unos diez centímetros. luego, mientras él preparaba el desayuno, volví a escaparme.
Mientras disfrutábamos de una tostada de exquisito pan con pasas, llamaron con la formidable noticia de que no intervendríamos en la misa por peligrosidad de carretera. "¡Bien! ¡A pasear por la nieve! ¡Yo quiero verla puesta en las ramitas, y hacer un muñeco!".
Iba por la casa de un lado a otro; nerviosa; sobreexcitada.
-Vamos a comprar pan que, aunque haya nieve, hay que comer -bromeó Richard.
¡Por fin! Salimos a la calle, que estaba plenamente cubierta. ¡Y seguían cayendo copos! En el camino encontramos un muñeco. Ya en casa estuve tocando cada rama de los árboles del jardín de Richard: ¡qué hermoso ver la nieve allí posada! Es una deliciosa textura. Parece que pesa mucho y que la rama no va a poder soportarla; pero... ¡es tan liviana...! Adoro caminar sobre ella; sentir su esponjosidad; oírla crujir; hundir los pies. Luego me agacho para tocar la alfombra blanca e imprimir la huella de mis manos. ¡Oh! Este fenómeno resulta para mí tan inusual que lo disfruto el doble: ¡turismo de nieve! Bueno: los niños de aquí también lo estaban pasando en grande, pues hacía tiempo que no caía tanto.

muñecos


Después de comer dimos un paseo por el bosque de dos horas y veinte minutos: ¡la caminata por nieve más grande de mi vida! Hasta ahora sólo había dado algunos pasos en sitios concretos, pero esto... Vimos dos muñecos gigantes en un jardín, hombre y mujer. Medían dos metros y medio, así que sus constructores tuvieron que utilizar una escalera: ¡qué artistas! También fue curioso tocar algunos troncos de árboles con una sola franja nevada por efecto del viento.
Andar por la nieve supone un gran ejercicio. En varios momentos se me iba el pie hacia atrás, pero generalmente era cómodo porque estaba virgen. Hoy, en cambio, había sitios muy resbalosos por culpa de la nieve mojada. Entendedme: me refiero a trozos de nieve encharcados en el agua. Todavía queda mucha, especialmente en senderos no transitados. Se pueden ver las huellas de animales y deducir cuáles eran, si iban corriendo, etc.


Jamás olvidaré el día de ayer. ¡Todo un regalo navideño! Siguieron cayendo copos durante prácticamente toda la jornada, ¡y por supuesto durante nuestro paseo! Sin embargo no experimenté frío porque no hacía viento.

Espero poder contemplar en muchas más ocasiones algo parecido y agradezco infinitamente a la Naturaleza por el obsequio. Ha sido una inmensa fortuna que esta nevada haya tenido lugar durante mi presencia aquí y confío en que, con esta crónica, también vosotros la podáis disfrutar un poquito.